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Sus dibujos coloristas, se apoderan y llenan toda la escena. Las miradas enigmáticas de "sus" chicas; sus melenas leonadas
y su vitalidad, son el reflejo de una sociedad glamourosa, donde el eje central son ellas mismas. Cuanto más se estudian sus ojos, más mágicos resultan.
Sus "femmes" fatales están preparadas para ver y ser vistas. Aparecen representadas con todo su esplendor, en una mezcla de
fuerza y delicadeza que no pasa desapercibida.
La figura femenina domina toda su obra, ya sea en los cuadros como en sus mujeres-botella. En estas últimas predomina la viveza
de su paleta con brillos multicolores y una estructura sencilla que mantiene la vista y la imaginación en tensión constante.
En su universo femenino no hay un ápice de fragilidad; son mujeres sofisticadas, fuertes y a la vez dejan paso a la sensualidad. Son elegantes, ingenuas, risueñas, luchadoras, como las Señoritas de Avignon, que transmitiendo toda su energía, nunca llegan a perder su dignidad.
Teresa Conesa Torres
(Crítica de Arte) |
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